I
sostengo entre mis manos lo que calienta
la semilla vacía
reconoce las mismas manos
que la moldearon
pude ser esa semilla
así como pude ser ese árbol
pude ser esas manos
que guardan el tacto
el sabor y el calor
del que emana la vida
pude ser la gruta que siembra el árbol.
pude ser…
sostengo el silencio
un calor del instante

II
abandonarse al límite,
abandonarse a lo que reúne, es abandonarse a la vida
abandonarse al malestar como a la búsqueda
abandonarse a la náusea, no es sucumbir ante ella
abandonarse a la ilusión de reencontrar la sensación del otro, no es sucumbir a la ilusión
abandonarse al momento
abandonarse a girar
abandonarse a sostener ese impulso durante un movimiento
abandonarse incluso a soltar el impulso y seguir girando
abandonarse desde el contacto con la verticalidad
abandonarse al pulso de la música que nos sostenía
¿cuántas veces más tendré que abandonarme?

III
hubiera querido… ver
¿qué es lo que gravita en mi mundo interior?
¿quién es el que desea, el que inventa un mundo en mi nombre?
¿qué es lo que busca, tanteando la oscuridad, la noche, lo imposible, el agua fresca que cae del cielo?
¿quién cose los nudos que azotan mi columna vertebral?
¿quién hurta mi soplo?
yo mismo soy el terror, yo mismo soy las muecas
la atención es otra.

IV
la ceniza cae bajo nuestros ojos
dibujas sobre tu palma
el destino
el futuro y la búsqueda
un mundo bajo tu párpado
una última mirada que huye hacia las escaleras
hacia el fondo
de tu respiración
cuida de los gestos interiores
de la vida en la vida
de los ecos de las miradas
del final
en la silueta de tu mano
del ritual del tacto
que invade
bajo el cielo sobrecogido
el destino de cenizas inscrito
sobre tu piel
Imagen: Tangled Dürer: The Six Knots (ca. before 1521)


